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Big data en el fútbol: cómo los equipos usan los datos para preparar un Mundial

En el Mundial de Qatar 2022, el equipo técnico de Marruecos analizó más de 3.000 variables por partido antes de cada encuentro. No era magia táctica. Era trabajo estadístico sistemático. El resultado fue la primera semifinal de un equipo africano en la historia de la Copa del Mundo.

El fútbol de alta competición ha cambiado. Y el cambio no empezó en el campo, sino en los ordenadores.

Hoy, preparar un Mundial implica meses de análisis de datos, modelos predictivos y sistemas de rastreo corporal. Los entrenadores siguen siendo decisivos, pero toman decisiones con una cantidad de información que hace una década era inimaginable. La intuición no ha desaparecido. Se ha vuelto más cara de ignorar.

Del GPS al modelo predictivo

Los sistemas de rastreo por GPS ya llevan años en el fútbol profesional. Cada jugador lleva durante los entrenamientos un dispositivo que registra distancia recorrida, velocidad máxima, aceleraciones, deceleraciones y carga mecánica acumulada. Son datos que sirven, antes que nada, para gestionar el riesgo de lesión.

La carga de trabajo es uno de los indicadores más vigilados. Si un jugador supera ciertos umbrales de fatiga muscular antes de un partido importante, el cuerpo técnico puede decidir reducir su minutos en los entrenamientos previos. No es una decisión subjetiva: es una lectura del dato.

Pero el GPS es solo la primera capa. Lo que han desarrollado los departamentos de análisis de las grandes selecciones en los últimos años es algo más sofisticado: modelos que cruzan datos físicos con rendimiento técnico y contexto táctico. Un centrocampista puede recorrer diez kilómetros por partido, pero si los recorre en zonas de bajo impacto ofensivo, el dato pierde relevancia. Lo que importa es cuánto recorre en las áreas que generan peligro real.

Alemania, España y Francia tienen estructuras internas de análisis con equipos de entre ocho y quince personas. No son analistas de vídeo al uso. Son matemáticos, estadísticos y especialistas en aprendizaje automático -el proceso por el que un sistema informático aprende patrones a partir de datos- que trabajan codo a codo con los preparadores físicos y los entrenadores de campo. Su trabajo empieza meses antes del primer partido del torneo.

La preparación táctica de un rival también ha cambiado radicalmente. Antes, un asistente veía partidos en vídeo y construía un informe manual. Ahora, los sistemas de análisis automático procesan miles de acciones clasificadas por situación de juego: presión alta, salida de balón, transición defensiva, juego en espacios reducidos. El entrenador recibe un mapa estadístico del rival mucho antes de ver un solo fotograma.

Datos en tiempo real y decisiones bajo presión

El salto más reciente, y también el más polémico, es el uso de datos en tiempo real durante los propios partidos. En los grandes torneos, los cuerpos técnicos tienen acceso a paneles que actualizan métricas cada pocos segundos: distancias recorridas, ritmo cardíaco estimado por posición, mapa de calor de cada jugador, zonas de presión del rival.

Estas herramientas no sustituyen al entrenador, pero condicionan sus decisiones. Un cambio en el minuto 60 ya no es solo una lectura visual del partido. Es también una confirmación o una contradicción de lo que dice el dato. Si el lateral derecho muestra una caída del 30% en su capacidad de sprint respecto a su media histórica, la pantalla del asistente técnico ya lo refleja antes de que el jugador pida el cambio.

Las selecciones que participarán en el Mundial de 2026 ya están construyendo sus modelos con datos de los últimos dos años de competición. La ventana de preparación no empieza en el primer amistoso previo al torneo: empieza mucho antes, en los partidos de clasificación y en las ligas nacionales, donde los departamentos de análisis acumulan información sobre jugadores propios y rivales potenciales. Quienes quieran seguir de cerca las apuestas mundial encontrarán que los mercados ya reflejan parte de ese trabajo de scouting, con cuotas que se actualizan a medida que los seleccionadores van definiendo sus esquemas.

El caso de Bélgica en el Mundial de Rusia 2018 es uno de los más estudiados. El cuerpo técnico utilizó modelos de redes de pases, representaciones matemáticas de cómo fluye el balón entre jugadores, para identificar los nodos de juego del rival y diseñar una presión selectiva. No presionaban en cualquier zona. Presionaban en los puntos donde el modelo indicaba que el equipo contrario tenía más dificultades para circular.

Los datos también han entrado en la selección de plantilla. Algunas federaciones utilizan sistemas de scouting que combinan estadísticas avanzadas con modelos de compatibilidad táctica. No buscan al mejor jugador en abstracto. Buscan al jugador que encaja mejor en el sistema y que maximiza el rendimiento colectivo según los datos históricos del esquema elegido.

El límite de los números

Hay algo que los datos no pueden hacer: decidir. Y hay algo que tampoco pueden capturar del todo: la incertidumbre de un partido de eliminación directa.

El fútbol tiene una varianza altísima. Un equipo puede dominar estadísticamente un partido y perderlo. Un portero puede tener una noche imposible. Un penalti puede girar un torneo entero. Los modelos lo saben, o al menos lo calculan: asignan probabilidades, no certezas.

Los mejores departamentos de análisis trabajan con esa humildad incorporada. No le dicen al entrenador qué va a pasar. Le ofrecen escenarios, distribuciones de probabilidad, puntos de fragilidad del rival. La decisión final sigue siendo humana, con todo lo que eso implica: presión, intuición, experiencia acumulada en miles de horas de competición que ningún modelo ha visto.

Lo que ha cambiado es el punto de partida. Antes, el entrenador llegaba a la pizarra con su memoria y sus notas. Ahora llega con una base de datos.

Lo que el marcador no refleja

El partido de fútbol dura noventa minutos. La preparación de un Mundial, con datos, dura años. Eso no garantiza nada. Marruecos llegó a semifinales en Qatar. España, con uno de los departamentos de análisis más desarrollados de Europa, cayó en octavos.

Los datos han hecho el fútbol más inteligente. No más predecible. Y esa tensión, entre el rigor del análisis y la imprevisibilidad del juego, es lo que hace que el fútbol siga siendo, con toda su tecnología encima, imposible de controlar del todo.

 

 

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